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Interview with El Nuevo Herald (En Español.)

 

GALERIA – EL NUEVO HERALD

16 DE MARZO DE 1990

El ‘atrevido’ ganador del Nuevo León, Carlos Rubio

Por BELKIS CUZA MALÉ

Carlos Rubio recibió hace mes y medio una llamada telefónica que quizás cambie para siempre su destino. Le llamaron para informarle que era el ganador del Premio Internacional de Novela Nuevo León 89 que el 4 de marzo le entregó el jurado convocado por la Editorial Castillo, de Monterrey, México.

La noticia podría parecer inesperada a otro que no fuese este paciente trabajador, autor de varias novelas, aún inéditas, y de un libro de cuentos, y que por más señas escribe en en inglés y en español. Una verdadera hazaña, pues este escritor cubanoamericano sigue sintiéndose tan cubano como cuando abandonó la isla. El autor de Quadrivium y Saga, (ambas en español) y Secret Memories y Orpheus’ Blues (en inglés), se dio a conocer más recientemente cuando fue incluido en la antología Cuban American Writers: Los Atrevidos, de la que es autora Carolina Hospital. Hasta entonces, Rubio había publicado un libro de cuentos, Caleidoscopio, y aparecido en varias revistas de Estados Unidos y trabajado con paciencia, evitando que la pereza, la falta de estímulos, los crudos inviernos o la lucha por la supervivencia le impidiesen hacer lo que más le interesaba en la vida: escribir.

Ahora, con ese premio en la mano que incluye no sólo los 20 millones de pesos (más de $7,000), sino la publicación de Quadrivium, la novela ganadora -que la propia Editorial Castillo se encargará de lanzar al mercado–, Rubio se sitúa como uno de los escritores cubanoamericanos más controversiales.

¿Escribir en inglés o en español? Él mismo confiesa que cuando utiliza el español es otra persona y que sus motivaciones son completamente distintas al que escribe en inglés. Un desdoblamiento “esquizofrénico” que bien se podría dejar a los siquiatras.

Pinareño

Nacido en la ciudad cubana de Pinar del Río, en 1944, Rubio vive desde hace muchos años en West Virginia. “Tal vez ni yo mismo tenga una respuesta de quién soy. Es por eso que escribo” -dice– “para continuar indagando esa incógnita.” Cuando abandonó Cuba en 1961, y después de permanecer ocho meses en Miami, se trasladó a Delaware, hasta que en 1965 se mudó a West Virginia. Veinticinco años después sigue todavía en unas de las ciudades más extrañas al mundo hispano. Pero el escritor, un aplatanado (a su modo), ha tomado algunos de los hábitos más saludables del norteamericano, por eso, dice, “A veces en los veranos desempeño el oficio de albañil, el cual aprendí en 1977 cuando mi esposa y yo construimos nuestra propia casa”.

Rubio trabaja como profesor de High School en la ciudad de Martinsburg, tarea que no le ha impedido sentarse cada noche frente a la máquina de escribir.

Pero, ¿cómo se integra un joven cubano, criollo de pies a cabeza, que ha estudiado el bachillerato en su ciudad natal de Pinar del Río y que de pronto se encuentra en una ciudad que habla otra lengua, con costrumbres tan ajenas a las suyas? No ha sido fácil: “Cuando llegué a Estados Unidos hice el último año de high school pues necesitaba aprender bien el inglés. En 1968 recibí un Bachelor of Arts de Concord College y en 1972 un Master of Arts de West Virginia University. También comencé un doctorado en la Universidad de Maryland, pero no he seguido con él”.

¿En West Virginia?

¿Por qué vive en un estado tan poco hispano como West Virginia?

“Nunca me había hecho esa pregunta. Vine aquí, primero, por cuestiones de trabajo. Es un área que me gusta, pues tiene los cambios de estaciones, aunque el clima no es tan severo. Es también un lugar céntrico, pues estoy a sólo 90 minutos de Washington”.

¿Cómo siente el oficio de escritor, qué significa escribir?

“Para mí escribir, antes que nada, es conocerme. Al elegir un tema, automáticamente rechazo muchos otros. Esto me da muchas pistas sobre quién soy. Por ejemplo, la novela que acabo de terminar recientemente, Orpheus’ Blues, trata de un músico de jazz y su vida en Nueva York. Esta música siempre me ha fascinado. Hay otros temas, sin embargo, que no me interesan en lo más mínimo, o por lo menos no lo suficiente como para dedicarles el tiempo que requiere una novela”.

¿Ha escrito poesía alguna vez?

“No. Mi mamá era una buena poetisa y desde muy temprano vi muy de cerca lo difícil que es ese género. Reconozco que soy un ‘atrevido’, como diría Carolina Hospital, pero no tengo el coraje suficiente para para adentrarme en esa región que considero demasiado peligrosa y aterradora.

¿Cómo es eso que escribe en inglés también?

“¿Y por qué no? Yo creo que es lo más natural del mundo, dadas las circunstancias en que me he desarrollado. La mitad de mi obra literaria está en inglés. En realidad somos dos escritores cuyos intereses (o tal vez debiera decir obsesiones) y modos de enfocar el mundo son completamente diferentes. Si comparas lo que he escrito en los dos idiomas verías que no existen puntos de contacto. Creo que si esos dos escritores pudieran hablarse no tendrían mucho que decirse el uno al otro. Es una paradoja que ni yo mismo entiendo de lleno”.

El verse incluido en la antologia Los Atrevidos, que tan buena acogida ha tenido, le ha producido gran satisfacción: “Ha sido un gran honor. Ya era hora de que se diera a conocer la obra que muchos escritores cubanos (o cubanoamericanos) están realizando aunque no sea en español”.

Trabajador constante

Tres novelas, un libro de cuentos y ahora Orpheus’ Blues, la segunda que escribe en inglés, colocan a Rubio entre los más constantes trabajadores de su generación. Sobre sus planes, ahora que ha obtenido el prestigioso Premio Internacional de Novela Nuevo León 89, dice: “Mis planes no han cambiado. Pronto quiero empezar a trabajar en otra novela que desde hace tiempo tengo planeada. Creo que se titulará Tiempo Muerto. Por el momento sólo puedo decirte que no tiene nada que ver con la zafra y el período de inactividad que tenían los obreros azucareros en Cuba”.

Después de hablar de casi todo, de sus hijos (tres: el mayor con 19 años, la menor con tres), de su vida familiar junto a su esposa, de sus recuerdos cubanos, ahora le toca el turno a los escritores que más lo han influido. ¿Hispanos, de habla inglesa o cuáles? La respuesta no se hace esperar: “Borges, por supuesto. Él ha influido a todo el mundo y hay que decirlo. Mi obra en español, sin embargo, es de un estilo neobarroco. Tengo que mencionar a José Lezama Lima, Alejo Carpentier y Severo Sarduy como influencias. En inglés me gusta muchísimo todo lo de Aldous Huxley. Era un hombre con una visión extraordinaria. También los existencialistas franceses, especialmente Albet Camus, han influido muchísimo sobre mi obra en inglés”.

Rubio no puede precisar en qué idioma se encuentra más cómodo escribiendo. Sin drama, dice: “No tengo una preferencia; sólo depende del tema que esté tratando de desarrollar. Quadrivium nunca se hubiera podido escribir en inglés; sólo de pensarlo me resulta absurdo. A la vez, escribir Orpheus’ Blues en español hubiera dañado irreparablemente la obra. Se hubiera destruido todo el mood que es tan importante en una novela como la trama misma”.

A este escritor cubanoamericano, a quien ni el exilio ni la nostalgia por la isla de su infancia le han desdibujado el mapa de sus sueños, le entregaron el premio durante la Feria del Libro en la ciudad de México. El mismo tuvo como jurados a los conocidos escritores José Agustín, Gustavo Sáinz y Arturo Azuela.

Quadrivium, una novela neobarroca, como la describe su autor, ha sido la feliz ganadora. Pero los triunfadores lo fueron también el tesón, la seguridad en sí mismo, y en los otros, y la vocación de un joven escritor que pertenece por derecho propio a dos mundos, alguien que ha sabido transformar con éxito el drama del exiliado.

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